Cuando el FBI pisa República Dominicana para investigar un caso como este, a mí no me impresiona. Me alarma. Porque si nosotros no podemos resolver lo nuestro, entonces no somos un país: somos un territorio administrado. No estoy hablando de orgullo vacío, estoy hablando de soberanía real. Porque un Estado que no investiga, no protege. Y un pueblo que se acostumbra a que lo rescaten desde afuera, termina creyendo que no puede desde adentro.
Me parece mal el símbolo. Porque ese tipo de cosas son las que nos mantienen dependientes.
Eso es lo que alimenta la mentalidad de que “lo bueno viene de afuera”, que lo serio viene de afuera, que la eficiencia viene de afuera… y que nosotros solo servimos para esperar.
Y yo no creo en eso.
Yo creo que las cosas se arreglan con presión desde adentro. No desde la debilidad, sino desde la responsabilidad.Nosotros somos capaces.
Nosotros tenemos policía, tenemos instituciones, tenemos recursos, tenemos inteligencia y tenemos dinero, porque dinero es lo que el Estado recibe.
Entonces, si tenemos todo eso… ¿por qué cada vez que el caso se vuelve emotivo y viral aparece Estados Unidos y el foco se desplaza: ya no somos nosotros resolviendo, sino ellos llegando a salvar?
Eso no es ayuda.
Eso es dependencia disfrazada.
Y el peligro real no es solo “que venga el FBI”.
El peligro real es lo que pasa en nuestra cabeza después:
Que la próxima vez no confiemos en nosotros.
Que pensemos que lo nuestro no puede.
Que nuestro sistema no sirve.
Que el dominicano no da para eso.
Y así es como se construye la impotencia nacional.
Así es como se forma la incompetencia institucional:
cuando cada vez que algo se pone serio, entregamos el volante.
Yo tengo una filosofía simple: si algo no funciona, no lo reemplaces por algo extranjero.
Arréglalo a golpes “mejoras”, a presión, a disciplina, a exigencia.
Yo creo en el método Microsoft 2007:
si no funciona, lo pateamos hasta que funcione.
Y si la máquina no sirve, entonces cambiamos la máquina.
Pero no salimos corriendo a buscar “la máquina moderna extranjera” para que haga el trabajo por nosotros.
Porque eso nos mantiene atrapados en la mediocridad.
Nos deja con el mismo Windows viejo para siempre.
Nunca actualizamos el software.
¿Y sabes qué es lo que realmente mejora un país?
Que las cosas no funcionen.
Porque cuando algo no funciona, se ve el fallo.
Se corrige el proceso.
Se entrena el músculo.
Se construye competencia.
Lo que hace que algo sea mejor mañana
es que hoy no funcione
y nosotros tengamos que resolverlo.
Eso es lo que el imperialismo no quiere:
que nosotros sepamos que podemos.
Que sepamos que no necesitamos permiso.
Que no necesitamos “supervisión internacional”.
Que no necesitamos rescate.
Ayuda sí. Cooperación sí.
Pero desde la fuerza, no desde la dependencia.
Desde nosotros liderando.
Desde nosotros demostrando capacidad.
Desde nosotros presionando a nuestro propio sistema hasta que responda.
Que encuentren a la niña.
Que Dios la cuide y la devuelva con vida.
Pero que la encontremos nosotros.
Y que eso marque un precedente:
Aquí se resuelve. Aquí se responde. Aquí se puede.
