Hoy estaba jugando un videojuego de aventuras. Al empezar, me dio la opción de elegir la dificultad.
Obviamente, elegí el modo más difícil. Al principio, se sentía bien ganar después de perder varias veces, pero cuando me encontraba en una parte realmente complicada, empezaba a perder demasiado. Y con cada derrota, también perdía el interés en el juego. Lo único que me hacía seguir jugando era saber que la historia valía la pena.
Entonces me pregunté: ¿No es la historia lo que realmente me gusta de este juego? El punto es sumergirse en el personaje, disfrutar la trama y descubrir qué viene después. No soy gamer, pero esto es lo mismo que todos buscamos en la vida real. ¿Por qué alguien en su sano juicio querría sufrir por sufrir? Nadie quiere trabajar 18 horas al día solo por decir que trabaja duro. Pasar lucha no es vitamina. Todos queremos resultados, logros, recompensas… y en el menor tiempo posible.
Pero la vida no nos pregunta si queremos jugar en modo fácil o difícil. Por defecto, viene en difícil. La única forma de cambiar la configuración es accediendo al “menú” del pensamiento a largo plazo. Si estás dispuesto a hacer sacrificios ahora, te harás lo suficientemente bueno como para que después todo parezca fácil.
Cada libro que lees, cada habilidad que aprendes y cada hábito que cultivas es una inversión. Si haces las cosas bien, un día te darás cuenta de que estás jugando el juego que te gusta en modo fácil. Y ahí es cuando realmente se disfruta del modo historia.